CARTAGENA (MURCIA), 16 (PRENSA EUROPA)
Los médicos forenses que realizaron los exámenes durante la investigación y comparecieron en la sexta sesión del nuevo juicio en Cartagena afirmaron que los dos acusados del asesinato en La Puebla estaban «intachables» y «sabían perfectamente lo que hacían».
En relación al informe mental del imputado y su grado de imputabilidad, los médicos forenses señalaron que este individuo, de 24 años en el momento de los hechos, estaba en tratamiento psiquiátrico, pero no había informes que lo confirmaran.
Además, se informó que el acusado había consumido heroína, cocaína y porros durante años, y tenía un informe de discapacidad del Instituto Murciano de Acción Social que reflejaba un 43% de discapacidad.
El informe de toxicología realizado por los peritos forenses fue compatible con el consumo reciente de cocaína, cocaína y cannabis en los «últimos dos o tres días».
Los peritos forenses establecieron un diagnóstico de «retraso mental leve» y consideraron que el acusado comprendía la ilegalidad y gravedad de sus acciones, siendo imputable desde el punto de vista médico-legal.
Se destacó que el acusado era funcional, incluso capaz de conducir un ciclomotor, y se le consideraba lo suficientemente desarrollado para comprender la simple agresión que se le imputaba.
Se enfatizó que el acusado sabía que matar estaba mal y tenía la capacidad de elegir entre cometer el crimen o no. Además, se afirmó que no había evidencia de que las drogas afectaran su capacidad intelectual o volitiva.
En cuanto a los informes del imputado, se mencionó que las lesiones que presentaba eran leves y sanaron rápidamente, no limitando sus capacidades.
Los médicos afirmaron que las lesiones de la imputada eran insignificantes y no afectaban su capacidad de movimiento, defensa o ataque.
Se mencionó que el imputado tenía antecedentes de depresión y ansiedad, pero que no limitaban su capacidad de actuación en los hechos procesados.
Se reveló que el imputado consumía cannabis habitualmente, pero no alcohol ni cocaína, aunque no se descartaba su consumo el día de los hechos.
El agente de la Guardia Civil que investigó el incendio del vehículo determinó que había indicios de un incendio provocado.
Los médicos explicaron que la víctima estaba viva y respirando en el momento del incendio, muriendo por inhalación de monóxido de carbono y quemaduras.
Se sugirió que la cremación del cuerpo era una forma de ocultar la causa y circunstancias de la muerte.
Se mencionó que era sencillo comprobar si la víctima seguía viva en el momento de ser metida en el coche en llamas.
Los médicos consideraron que el fallecido podría haber estado en estado de shock y mareado de dolor al ser colocado en el coche en llamas.
En la audiencia vespertina, se discutió si la víctima inhaló humo en el incendio que determinaría su momento de fallecimiento.
Los estudios sobre los restos óseos confirmaron que las fracturas en el cuerpo de la víctima eran producto del fuego.
Se encontró carboxihemoglobina en el organismo de la víctima, indicando inhalación de monóxido de carbono.
Se analizó una botella de agua encontrada en el lugar de los hechos, encontrando fragmentos dactilares del imputado.
